Navidad y año nuevo en familias con padres separados

Navidad y año nuevo en familias con padres separados

Navidad y año nuevo en familias con padres separados

Expertos brindan una serie de claves para manejarse en esas fechas especiales, cuando la familia no comparte un mismo techo.

Cuando los padres se separan, las fiestas en familia pueden complicarse, pero no tiene que ser fatalmente así. Con afecto y sentido común, es posible multiplicar en lugar de dividir. Y todo redundará en el bien de los niños

La temporada de Navidad es el momento familiar por excelencia. Ninguna otra fiesta religiosa o laica alimenta de esta forma el espíritu y la unión familiar, siendo en las culturas occidentales un ritual muy importante, transgeneracional, en el sentido de que involucra a diferentes generaciones y perpetúa tradiciones antiguas y con enorme simbología.

Como ritual estructurante para la familia y para sus elementos, marco de la historia y cultura de cada núcleo, las festividades navideñas remiten a sentimientos muy fuertes de unión, de compartir, de alegría, de reencuentro, de acercamiento. Es una experiencia fuertemente simbólica, única en cada familia y para cada elemento de la familia.

Sin embargo, cuando hablamos de ‘familias divorciadas’, los sentimientos que se viven no siempre son éstos. Hay tantas situaciones como casos. Lógicamente, si la separación fue en buenos términos y los ex cónyuges mantienen una relación cordial o al menos no hostil, todo resulta más sencillo. Las cosas pueden hacerse un tanto cuesta arriba cuando la separación es reciente, y ambos están en busca de un nuevo equilibrio, y hasta de una nueva identidad.

“Entonces la paradoja se instala: el simbolismo de la navidad choca con los procesos psicológicos del duelo. El espíritu de unión lucha con la desagregación que las familias separadas y divorciadas tienen que resolver”, explican los psicólogos portugueses Rui Martins y Joana Veiga de Macedo, en un artículo publicado en el periódico lisboeta Diário de Notícias.

Los padres divorciados pueden vivir momentos de angustia, ansiedad o tristeza por el hecho de tener que separarse de los hijos en un momento en que siempre vivieron una mayor proximidad, por tener que dividir ese tiempo con otros, por tener que buscar una nueva navidad que sustituya a las anteriores y que se transforme en un nuevo ritual familiar, con los mismos significados …

Los hijos, entre lo real y la fantasía, imaginan la mejor navidad posible, sueñan con la familia como un todo, como antes, con el padre y la madre juntos y alegres. Pero viven los esquemas de los adultos: donde se negocia con quien pasan la nochebuena, el almuerzo de navidad y luego se vuelve a acordar para fin de año y año nuevo. La familia nuclear ya no existe y hay que hacer el desdoblamiento, que en el caso de que los antiguos cónyuges hayan formado nuevas familias, incluirá a estas.

Esta situación rompe los vínculos con la “historia” de la celebración hasta el momento, cuando “el niño deja de ver a los primos y los tíos más alejados que la Navidad traía a la casa. Y las lágrimas de la madre y del padre traen más confusión sobre sentimientos de lealtad: ¿qué lado elegir y dónde ir en un día u otro, quién se pone más triste, cómo corresponder a uno y a otro si ahora están en puntos opuestos?”, plantean los citados profesionales.

Como en otras adaptaciones de las familias a los divorcios, la calidad de la comunicación entre los ex cónyuges entre sí, y de ambos con los hijos, es fundamental. Y dado que esta fecha tieneun significado especial para las familias, una planificación cuidadosa es esencial. Es fundamental que los padres, sobre todo los padres, pongan el énfasis de la navidad en las relaciones.

Cómo multiplicar en vez de dividir

• Es verdad que la familia nuclear cambió, pero la ampliada es igualmente familia, del lado materno al paterno, y es en este contexto familiar ampliado que deben buscarse los significados inherentes a la navidad.

• Los hijos deben ser escuchados. Antes de la navidad, para conocer sus expectativas, responder a sus miedos y angustias y entender sus conflictos. Después de navidad, para darles lugar a expresar sus emociones, positivas o negativas, lo que servirá para tomar nota de cara a futuras experiencias similares.

• Los elementos de referencia para la navidad del niño deben ser identificados. “Como con el pesebre, no bastan la pareja y el niño”, apuntan los autores.  Los abuelos, los hermanos, medio hermanos, los tíos, los primos, la madrastra y el padrastro, los ‘viejos’ familiares de siempre y los ‘nuevos’, deben tener su lugar.

importante evitar poner a los niños ante situaciones emocionalmente difíciles de manejar, especialmente cuando son muy pequeños, y necesitan que sean los padres quienes las asuman y resuelvan, de forma consciente y orientada hacia el bienestar de los hijos. Muchas veces, en esta difícil gestión, es fácil que los hijos sientan que los problemas y los conflictos son su culpa, algo tan injusto como traumático. Nadie tiene culpa del final de un amor, de incompatibilidades, de lazos que se rompen. Las separaciones y los divorcios no son, por sí mismos, traumáticos. Pero alguien sí tiene culpa cuando los niños terminan en medio de una guerra de adultos.

• Los rituales son importantes, pero pueden reconstruirse y adaptarse. Un padre o una madre que sabe que no va a pasar la noche de navidad con los hijos puede adelantar la suya, y organizar su “navidad propia” con los niños una semana antes. Se invita a los abuelos y se abren los regalos que no llegarán a nochebuena. Se aprovecha la ocasión para ir al cine, al teatro o a un parque. Se trata, en suma, de “fortalecer la identidad familiar y alejar los miedos”, concluyen los psicólogos.

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